Una jornada complicada se vivió en la ciudad de Quito debido a la suspensión parcial del servicio de transporte urbano convencional. Varias rutas dejaron de operar, incluyendo unidades que circulan en corredores estratégicos como el Central Norte y el Sur Occidental, lo que generó largas filas y dificultades para miles de ciudadanos que intentaban movilizarse hacia sus lugares de trabajo y estudio.
La medida adoptada por los transportistas responde a reclamos relacionados con el incremento de los costos operativos y el impacto de recientes decisiones económicas, así como a las restricciones de movilidad derivadas del toque de queda. Ante la falta de buses, los usuarios han tenido que buscar alternativas, como el uso del Metro de Quito, taxis y vehículos particulares. Incluso, en algunos sectores, camionetas informales comenzaron a ofrecer servicio de transporte, lo que ha generado preocupación por los riesgos que implica.
Mientras tanto, el malestar ciudadano crece debido a los tiempos de espera prolongados y la incertidumbre sobre la normalización del servicio. Dirigentes del sector no descartan que las restricciones en la operación continúen o se amplíen si no se alcanza un acuerdo con las autoridades. La situación ha abierto un debate sobre el sistema de transporte en la capital y la necesidad de encontrar soluciones que garanticen la movilidad sin afectar a la población.





