“Cuando hay buena oferta, la gente paga”: Fausto Miño opina sobre la reforma

El cantante ecuatoriano Fausto Miño se pronunció sobre la reciente ley aprobada por la Asamblea Nacional que redefine el uso de los recursos de los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD), conocida como la regla 70/30, y que ha generado debate en sectores culturales por el posible impacto en la contratación de artistas para eventos públicos. En un mensaje difundido en redes sociales, el intérprete sostuvo que los artistas no deben depender económicamente del Estado y que la sostenibilidad del sector cultural está en la calidad de la oferta y en la capacidad de conectar con el público. “Si hacemos buenas canciones y buenos espectáculos, la gente paga por vernos”, afirmó, citando presentaciones recientes en el Ágora de la Casa de la Cultura y el Teatro San Gabriel, donde —según indicó— lograron llenar casi la totalidad de las localidades con entradas de entre 40 y 50 dólares.

La nueva normativa obliga a los GAD a destinar al menos el 70 % de su presupuesto a inversión en infraestructura y obra pública, limitando el gasto corriente, rubro donde suelen incluirse contrataciones artísticas para festividades y eventos culturales. Esta disposición ha provocado reacciones mixtas en el sector creativo: mientras algunos gestores culturales advierten que podría reducir oportunidades para artistas locales en festividades municipales, otros, como Miño, consideran que el mercado privado ofrece suficientes alternativas para desarrollar una carrera sólida. De acuerdo con datos del Ministerio de Cultura y Patrimonio, la economía naranja representa un porcentaje creciente del PIB nacional y ha diversificado sus fuentes de ingreso a través de conciertos independientes, plataformas digitales y alianzas con empresas privadas.

En su mensaje, Miño también llamó a los artistas a fortalecer su vínculo directo con el público y a diversificar sus canales de ingresos mediante espectáculos privados, colaboraciones empresariales y producción independiente. Subrayó que el talento ecuatoriano no debe limitarse a contratos estatales y alentó a la ciudadanía a consumir más música, teatro y cine nacional. En medio del debate sobre la reforma y su impacto en el gasto cultural, la postura del artista abre una discusión más amplia sobre el modelo de financiamiento del arte en el país y la necesidad de equilibrar políticas públicas con la autosostenibilidad del sector creativo.

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