La capital iraní vivió una jornada inusual este sábado 28 de febrero, luego de que comenzaran a circular versiones sobre la supuesta muerte del líder supremo, Alí Jamenei, en medio de los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel. En varios barrios del norte de Teherán, vecinos salieron a las ventanas y balcones para gritar consignas, tocar bocinas y lanzar silbidos, en escenas que reflejaron el profundo malestar de un sector de la población con el régimen instaurado tras la Revolución Islámica de 1979. Entre los cánticos también se escucharon referencias a la antigua monarquía iraní, un símbolo que para algunos representa el rechazo al sistema político actual.
Sin embargo, hasta el momento no existe confirmación oficial sobre el fallecimiento del ayatolá de 86 años. Mientras desde Israel se habló de “indicios” que apuntarían a su muerte tras el bombardeo al complejo donde reside, medios estatales iraníes aseguraron que el líder continúa con vida y que estaría coordinando la respuesta militar desde un centro de mando. Imágenes satelitales difundidas por medios internacionales muestran daños en la zona donde se ubica su residencia, pero el gobierno iraní sostiene que mantiene el control operativo frente a la ofensiva extranjera.
Las expresiones desde los hogares no son nuevas en Irán: gritar consignas desde ventanas se ha convertido en una forma de protesta relativamente segura en los últimos años, especialmente durante las movilizaciones por la crisis económica y la depreciación del rial, así como en las protestas masivas que sacudieron al país tras la muerte de Mahsa Amini. Organizaciones de derechos humanos han documentado miles de muertos y decenas de miles de detenidos en las recientes olas de represión, cifras que difieren de los datos oficiales del gobierno. En este contexto de tensión interna y conflicto externo, la incertidumbre sobre el paradero y estado del líder supremo añade un nuevo elemento de inestabilidad al panorama político iraní.






