A unos 40 minutos desde la vía a la Costa, en dirección a la comuna Juntas del Pacífico, se levanta el Centro de Privación de Libertad Santa Elena n.º 1, conocido como la Cárcel del Encuentro, el único penal de máxima seguridad actualmente operativo en Ecuador. El complejo comenzó a funcionar hace tres meses, pese a que su construcción no estaba completamente finalizada, y forma parte de la estrategia del Gobierno para retomar el control del sistema penitenciario tras la crisis carcelaria que ha dejado motines y enfrentamientos en distintas provincias. El recinto está rodeado por una muralla de nueve metros de altura, con torres de vigilancia de casi diez metros y un perímetro reforzado con concreto y malla inescalable.
El ingreso al centro implica estrictos controles de seguridad. En el trayecto previo existen cercos militares con personal armado y, una vez dentro, el acceso se realiza mediante escáneres, rayos X y varios filtros de revisión. Según autoridades del Ministerio del Interior, el penal cuenta con tecnología para bloquear señales de telefonía móvil e internet, así como sistemas para neutralizar drones, dispositivo que habría sido utilizado en intentos previos de ingresar objetos ilícitos. En total, el complejo tiene cinco módulos de máxima seguridad, un área transitoria y zonas administrativas, además de un centro médico donde los internos son evaluados al momento de su ingreso.
Actualmente alberga a más de 600 privados de libertad, aunque su capacidad total es de 800. Cada módulo dispone de 40 celdas en las que conviven cuatro internos sin distinción de organización criminal, a diferencia de lo que ocurría en otros centros del país. Las celdas están equipadas con literas, colchones con recubrimiento antiflama, un sanitario metálico y una ducha; no cuentan con interruptores ni tomacorrientes, y permanecen iluminadas de manera permanente. Los movimientos dentro del penal están regulados por señales sonoras que indican cuándo deben recibir alimentos o medicación, bajo protocolos de control estricto. Este nuevo modelo penitenciario busca reducir la comunicación entre bandas y fortalecer la seguridad interna en un contexto nacional marcado por la lucha contra el crimen organizado.






