La ciudad de Manta amaneció consternada tras la confirmación del fallecimiento de Arnold Esteban Fuentes Asimbaya, un joven agente de la Policía Nacional que fue hallado sin vida en la habitación que alquilaba en el barrio cercano a la Unidad de Vigilancia Comunitaria, en la calle 118 y avenida 113, en esa ciudad costera de Manabí. El uniformado, de 22 años y asignado recientemente al Grupo de Operaciones Motorizadas (GOM) del Distrito Manta, no llegó a su centro de trabajo, lo que alertó a sus compañeros y motivó la búsqueda que terminó con el hallazgo de su cuerpo con una herida de bala en la cabeza. Las autoridades manejan la hipótesis de un presunto suicidio, aunque la investigación oficial continúa mientras personal de Criminalística realiza las diligencias de rigor y traslada el cuerpo al centro forense.
Compañeros de cuartel y familiares expresaron su profundo pesar por la pérdida de un servidor policial que llegó a Manta con la ilusión de forjar una carrera al servicio de la comunidad. Fuentes era oriundo del sector Chimbacalle, en Quito, y apenas llevaba poco tiempo destinado en la ciudad portuaria, en un entorno donde la violencia y hechos trágicos marcan la vida cotidiana. El Distrito Manta-Montecristi-Jaramijó ha enfrentado una escalada de inseguridad en los últimos años, con cientos de muertes violentas registradas en 2025 y diversas operaciones contra bandas delictivas, lo que ha tensionado a las fuerzas del orden y a la sociedad civil.
Este suceso se suma a otros hallazgos de personas sin vida en Manta en circunstancias diversas, incluyendo tragedias atribuidas a violencia armada o posibles suicidios en la provincia, como un médico encontrado muerto en el Hospital del IESS hace un año, también clasificado preliminarmente como suicidio por las autoridades. Casos como estos han generado debates sobre el apoyo emocional y la salud mental, incluso dentro de instituciones que enfrentan el estrés extremo, como cuerpos de seguridad y salud.






